Un joven gana un premio cinematográfico y el país entero aplaude. Se dice que se debe apoyar al cine, ahora más que nunca. Los aplausos aumentan. En medio del ruido, alguien grita que hubo plagio. La envidia colectiva y el interés de los medios, esparcen la noticia: La idea original, del corto ganador, procedía de Internet y un español ya había hecho un corto, más corto, años atrás.
Se le acusa, al anteriormente vitoreado joven, de manchar a la patria, pues aquí en México no copiamos las ideas de otros sin darles crédito. Un periodista comete dos graves pecados: Ignorancia y soberbia. La entrevista nos deja ver qué clase de persona puede llegar a ser el mencionado informador, y que el joven también fue ignorante, al incurrir en errores de tecnicismos. Pero, al menos éste último, muestra ser humilde. El informador, quejas más tarde, pide disculpas.
Y, finalmente, un alma ociosa cuelga una parodia de los hechos (y del corto), para dejar aún más claras las cosas:
“¿Dé dónde salió todo esto?” Diremos de aquí en adelante. Responderemos a coro: “Internet”.